Trascendemos la piel
- Micaela Gutiérrez Coll

- hace 6 horas
- 2 Min. de lectura
El amor siempre sigue encontrando formas de llegar.
Los últimos meses, antes de dejar la ciudad en la que crecí, compartí muchos momentos con mi abuela. Momentos simples y también intensos, como esos días en hospitales donde la vida se vuelve más frágil, más real. Fue una etapa marcada por despedidas, pero también por una presencia más consciente.
Llegó enero, su cumpleaños. Yo estaba lejos, pero quería estar, de algún modo. Le encargué un desayuno, para que apenas se levantara, lo recibiera en la puerta de su casa.
A la misma hora en que ese desayuno llegaba, yo cruzaba una frontera. Las fotos me iban llegando por mensaje. Me cuentan que se emocionó. Que la nota que acompañaba la bandeja le hizo pensar en él.
Un rato después me mandan una imagen de la nota. La letra… era igual. Algo nos recorrió por dentro a todos. Porque a veces, simplemente lo sabemos: quienes ya no están en este plano, de algún modo, siguen estando.
Creo profundamente que somos más que el cuerpo que habitamos.
Que estamos acá para vivir experiencias, para aprender, para transformarnos. Pero muchas veces nos quedamos sobreviviendo, dormidos, desconectados. Hasta que algo nos sacude. Y entonces, sentimos.
Y cuando la misión se cumple, el cuerpo deja de estar, pero la energía no. Esa no se va. Porque todo es energía, todo es movimiento. Y nosotros también lo somos.
Él está. De alguna manera, nos lo hizo saber. Porque no hay casualidades. Podemos elegir creer, o no. Pero cuando algo se siente tan claro, tan fuerte… cuesta no hacerlo.
No es la primera vez que me pasa. Ya lo viví antes, con otras personas que se fueron. Pero esas son historias para otro momento.
Hoy solo quiero quedarme con esto: somos parte de algo mucho más grande. Llegamos, vivimos, trascendemos. Y en ese tránsito, la forma en la que elegimos estar presentes es lo único que realmente depende de nosotros.
Lo que nos llega, nos llega por algo. Y cuando estamos listos, entendemos por qué.
A veces con el tiempo, a veces en el instante. Hoy siento que fuimos canal. Esa idea, ese gesto, esa bandeja… tenían que llegar a sus manos.
Todos queríamos estar, y de alguna forma, todos lo hicimos. Nadie quedó afuera. Ni siquiera él. Me emociona haber sido el medio para que eso sucediera. Me emociona vivir con esta consciencia. Me emociona mi transformación. Y también la transformación que veo a mi alrededor.
Cuando habitamos la vida con el corazón abierto, lo invisible también se hace presente. Y todo cobra sentido.
¿Y si no todo se tratara de entender, sino de sentir?
¿Y si cada gesto, cada presencia, cada cruce… fuera una invitación a mirar más allá?
¿Qué elegimos ver cuando el mundo nos habla en sus pequeños milagros?
🌀 Te leo
Con amor,
Mica.
¡Gracias por leer!
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