El Ring de la vida
- Micaela Gutiérrez Coll

- hace 1 día
- 4 Min. de lectura
Detrás de cada día las contradicciones que nos hacen crecer.
Escribo para integrar lo que me pasa en el día a día. Es la mejor manera que encuentro de pasar por el cuerpo mis experiencias, de darles forma, de hacerlas mías.
Y también lo comparto, porque son procesos por los que pasamos todos, más allá de la manera en que vivamos.
Son exactamente las 20.20 hs.
Hoy nuestro día empezó muy temprano: a las 5.45 ya estábamos arriba porque una excursión larga nos esperaba. Nos pasaban a buscar a las 7.30 y la aventura iba a durar toda la mañana hasta pasado el mediodía. Era un plan que nos ilusionaba mucho, un lugar que queríamos conocer, y lo logramos gracias a una colaboración con una empresa. Es decir: también fuimos a trabajar.
Fue una mañana hermosa recorriendo Catamarca y conociendo el balcón de Pissis. Un lugar increíble y poco conocido de Argentina. La excursión duró unas siete horas.
Éramos nosotros y el guía en la camioneta. A los pocos kilómetros, subiendo y acercándonos a la cordillera de los Andes, Oliver empezó a sentirse cansado y África se descompuso. No le sienta bien viajar atrás en el auto, y con la altura se transformó en un combo demoledor: durmió casi todo el tiempo y vomitó un par de veces.
Fue una experiencia hermosa, a la que solo hubo que ponerle paciencia. De a ratos bajaba Martín, de a ratos yo. Y así íbamos encontrando la forma de disfrutar lo que estábamos viviendo.
Podríamos habernos tomado la situación de otra manera, con nervios o estrés. Pero los dos estábamos tranquilos, acompañados también por un guía amable que entendía que todo era parte de lo normal de estar a +4000 m.s.n.m por varias horas.
Mis ojos no podían creer lo que veían. Al mismo tiempo, mi hija estaba tirada en el asiento sin energía. Contradicciones de la vida, pero es la vida misma.
Cuando regresamos, a los dos minutos África ya había recuperado su esencia de siempre. Yo me puse a trabajar en lo que tenía pendiente. Todo marchaba bien hasta que, cerca de las 19, recibí un mensaje que esperaba hacía dos semanas. Un mensaje, sí, pero no con la noticia que quería.
Estamos a la espera de un detalle para poder lanzar una marca que creamos. Algo que no depende de nosotros. Hace más de un mes venimos aguardando, y hoy me dijeron que aún faltaban cosas. Dos semanas de espera para confirmar que faltaban… dos renglones.
Ese camino que esperábamos ya no era opción. Había que buscar alternativas. ¿Y ahora qué hacemos? ¿Qué otras puertas tocamos? No podemos esperar más para el lanzamiento.
Y acá aparece la clave: rodearte de personas que tiran para adelante. Siempre.
Mandé un mensaje al grupo con el que trabajamos y, como siempre, la respuesta fue: “Juntos le vamos a encontrar la vuelta”. Predisposición para el volantazo. Imaginá si, en cambio, hubiera recibido solo negatividad.
Así que ahora toca activar un nuevo plan, investigar otras opciones, buscar la manera de salir adelante.
¿Y a qué voy con todo esto? A la cantidad de emociones diferentes que atravesamos en un solo día. Pero lo que marca la diferencia es cómo elegimos recibirlas.
La vida real no es lo que ves en Instagram. Hoy subí una foto en el balcón de Pissis. Si solo te quedabas con esa imagen, quizás pensabas que tuve un día perfecto. Y sí, lo fue. Pero alrededor también hubo momentos que me desestabilizaron. ¿Por qué no lo hicieron del todo?
Por dos motivos:
Porque me permito enojarme… pero a los dos minutos me digo: “Okey, pensemos soluciones, seamos creativos”.
Porque me rodeo de personas que vibran en la misma sintonía: la de buscar alternativas. Martín, por ejemplo, siempre poniéndome los pies en la tierra: “Tranqui, yo me enfoco en que lleguemos; vos terminá de editar. Llegamos y vemos opciones”. Porque en el medio estábamos viajando.
La empresa con la que trabajamos también respondió: “Tranquila, vamos a encontrar una solución. Esa idea que contaste es factible, podemos ir por ahí”.
Entonces la pregunta es simple: ¿cómo reacciona tu círculo cercano cuando más lo necesitás? ¿Te sostiene o te hunde?
La vida no deja de ser linda por los desafíos que presenta. Son parte del camino. Yo siempre me repito: “Si pasó así, por algo será”. Y con el tiempo termino agradeciendo que haya sido de esa manera.
Los procesos llevan tiempo. Requieren paciencia, resiliencia, creatividad. Y, cuando los deseos se vuelven casi obsesión, nada puede apagar el fuego que se enciende adentro. Siempre encontramos la manera de que ocurra, aunque nunca como lo habíamos imaginado al principio.
Porque a decir verdad, y no nos vamos a mentir acá, cuantas veces idealizamos los procesos y los ponemos en linea recta.
Pero nada está más lejos de la realidad, la vida es una curva llena de subidas y bajadas. Y justamente ahí está la evolución.
Porque te estas preparando, porque es necesario, porque así debe ser, porque es la única forma que tenemos de poder evolucionar, tropezando y levantándonos otra vez. Encontrando el obstáculo a la vuelta de la esquina y decirle “dale acá estoy una vez mas lista para vencer”
Yo también me enojo, pero después me subo al ring y pienso: “Dale, va a llegar algo mejor, pero ni loca me dejo ganar por knockout”.
A lo largo del día atravesamos muchas emociones distintas. Eso es vivir. Y la calidad de nuestra vida depende, en gran parte, de cómo elegimos pararnos frente a cada una de ellas.
Porque, al final, todo se resume en eso: en la manera en que elegimos pararnos frente a la vida misma.
Con amor,
Mica
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