Carta para la creativa que hay en mí
- Micaela Gutiérrez Coll

- hace 3 horas
- 3 Min. de lectura
Sobre los altibajos del proceso creativo y el valor de sostenerse.
Querida creatividad,
Te escribo esta carta para que hagamos las paces. Ya entendí que funcionas como un flow en el que entro y salgo constantemente. No sos lineal, y estaría siendo injusta si te pidiera que fueras siempre igual. Injusta con vos… y conmigo misma.
Qué suerte que seas así. Porque cuando llegas a mí, son esos momentos en los que más puedo disfrutarme. Cuando esa inspiración me recorre cada parte del cuerpo, no puedo parar de crear, desde un lugar demasiado hermoso. Sin esfuerzo. En fluidez. Con todo mi cuerpo vibrando y gozando. La sonrisa se dibuja sola en mi cara, el cuerpo se mueve, y la alegría me invade.
Ya lo sé… ni siquiera compartís el cerebro con nuestra vecina, la racionalidad. Esa que tanto bien nos hace a veces, y tanto mal otras. Con sus aires de superioridad.
Pero estuvimos conversando, y lo va a intentar.
Va a intentarlo, cuando sienta miedo, inconformidad, frustración, incapacidad, inseguridad… va a confiar en vos. Porque aunque parezca que no estás, llegas en el momento en el que tienes que llegar.
Hablamos y llegamos a un pequeño acuerdo. Le expliqué que para sentirte inspirada necesitas salir del sillón, de la silla de oficina, de la pantalla. Volver a tus raíces: al aire puro, a la naturaleza, a los pies descalzos en la tierra. Mover el cuerpo, liberar la mente.
La racionalidad me dijo que entendió. Que cuando sienta la necesidad de tener todo bajo control, va a cerrar los ojos y decirse bajito: “confiá en vos”. Y va a dejar de hacer. Porque entendió que no te gusta que te apuren, que te marquen el tiempo, que te digan qué hacer y cuándo. Que no necesitas que te busquemos cuando no estás, porque es justo ahí cuando más te escondes.
Pero entendéme también a mí. No es fácil estar acá, en el medio. Entre vos, mi creatividad, y ella, mi racionalidad. Necesitan amigarse, abrazarse y sostenerse, para poder equilibrarse.
Soy la creativa, y también la racional.
Soy la que suelta, y también la que todo quiere controlar.
Soy la que cree en vos —y en mí— y también la que por momentos quiere abandonar.
Es que la vida está hecha de polaridades. El yin y el yang.
Y al final, eso es lo que nos complementa. Necesitamos de la incomodidad que nos mueva de lugar. Esa incomodidad que nos obliga a correr las piezas, para que vuelvan a encontrar su lugar. Solo moviéndote prendes tu chispa inspiradora.
Crecí con la idea de que el que más sabe, es el más inteligente. Y mi mente racional siempre estuvo cargada de información. O mejor dicho… sobreinformación.
Pero al final, no necesitaba nada de eso. Al contrario: necesitaba soltar. Liberarte. Hacerte espacio. Y me abrazo en este camino de permitirte salir.
También abrazo a mi parte racional. Esa que tanto tiempo acorralé, que culpé una y otra vez. Me enojé tanto con ella… pero volví a abrazarla. Las necesito a las dos.
Pero que quede entre nosotras —te lo digo bajito—: cuando apareces, me haces tan bien. Prometo darte el espacio que te mereces… Pero ven más seguido a visitarme, porque son los momentos en los que siento que me quiero quedar a vivir ahí para siempre.
Con mucho amor,
La humana que habitas.
¿Cómo te hablas cuando la inspiración se apaga?
¿Qué te sostiene cuando dudas de tu voz o de tu camino?
¿Tenés rituales o palabras que te traen de vuelta al acto de crear?
🌀 Te leo
¡Gracias por leer!
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