Cuando la vida cambia tus planes
- Micaela Gutiérrez Coll

- hace 2 días
- 4 Min. de lectura
Cuando la vida detiene tus planes una y otra vez, ¿qué elegís: pelear o aprender?
Están siendo meses de mucho aprendizaje interno.
De aprender a aceptar, a entregarse y a esperar. De aprender que no tenemos el control de todo en esta vida, y que aquello que no podemos manejar necesitamos dejarlo ir.
Todo empezó hace un par de meses atrás. Estamos en agosto del 2025, creo que fue en abril del mismo año… no soy muy buena con las fechas exactas.
Veníamos trabajando muy bien con el contenido en nuestro canal de YouTube. Y aunque los ingresos no eran suficientes para cubrir todo el mes, representaban un ingreso con visión de crecimiento.
Para poder anunciar en YouTube se necesita verificar la cuenta a través de Google. Para ello, Google envía un PIN por correo físico. Cuando llega, verificás la cuenta. Tenés cuatro oportunidades para solicitarlo. Si el primero no llega, debés esperar 21 días para volver a pedirlo, y así con cada intento.
Nuestro PIN solicitado hace varios meses, nunca llegó. Y durante todo este tiempo la monetización de YouTube se frenó, y también nuestro contenido. Obvio tendrá consecuencias cuando retomemos el canal, y será como empezar de nuevo. Pero estamos completamente dispuestos a hacerlo.
En esos mismos meses comenzó a gestarse uno de los proyectos que más entusiasmo nos genera, una idea que nació como una pequeña semilla hace dos años.
Un negocio digital con diseños propios, en principio estampados en remeras y buzos, para vender al mundo entero. Diseños que cuenten historias reales de nuestro viaje por América.
Un negocio con una visión y un potencial gigante. Y así lo trabajamos desde el día uno, con muchísimo compromiso.
Creíamos que íbamos a poder lanzar en julio. Está por empezar septiembre y todavía no lo hicimos. Este negocio es la apuesta más fuerte que tenemos como fuente de ingresos para los próximos seis meses.
¿Y qué estamos esperando? Configuraciones que no dependen de nosotros: la integración con el correo para gestionar los envíos y la integración con quienes se van a encargar de la logística y la producción.
Nos detuvimos unos días en San Juan (Argentina) para hacer arreglos, pero ya llevamos un mes con la necesidad de empezar a movernos.
Cuando creíamos que ya nos íbamos, la vida una vez más tenía otros planes. Necesitábamos un repuesto y un mecánico. Pensábamos que conseguirlo iba a ser complicado, sin embargo apareció. Pero, camino al taller, una rama grande de un árbol aflojó todos los paneles solares y tiró uno al suelo.
Claro… ya no sirve más. Cancelamos el mecánico y ese día entero lo dedicamos a resolver el tema de los paneles. Teníamos tres, perdimos uno. Reinstalamos los dos que quedaron sanos.
Y ahora, con ese tema solucionado, por fin llegamos al mecánico para colocar el repuesto que faltaba. Uno puede tener muchos planes, pero la vida tiene los suyos propios. Y contra eso no hay nada que podamos hacer, más que aceptar y entregarnos a lo que no podemos controlar.
Podemos reaccionar con enojo, frustración… o podemos elegir aceptar.
Nosotros estamos en modo aceptar, tomándonos las cosas con calma. Porque este viaje ya nos enseñó que todo tiene solución, aunque a veces los tiempos no sean los que deseamos. Sin embargo, todo sucede en el momento perfecto en el que tiene que pasar.
Cada situación nos enfrenta a nosotros mismos, nos pone a prueba constantemente en muchos niveles de nuestra vida.
Lo que antes podía generarnos enojo o frustración, hoy simplemente lo vemos como una prueba más a resolver. Lo tomamos con calma, incluso con humor.
Ya sabemos que este viaje no es solo prender el motor y recorrer rutas. Está siendo mucho más poderoso que eso. Está siendo una escuela de vida para nosotros y para nuestros hijos.
Ayer, cuando las luces se apagaron y todos dormían, miraba a Oliver y África dormir y pensé: “Qué suerte que no se quedan con miedo ante todas las cosas que nos están pasando”.
Pero al instante me dije: “¿Por qué tendrían miedo, si nosotros nunca enfrentamos estas situaciones con miedo?”.
Precisamente ayer, cuando sucedió lo del panel solar, los dos estábamos súper tranquilos. No hubo estrés, solo decisiones para resolver lo que había pasado.
Somos espejos. Ellos aprenden de eso todo el tiempo, aunque no seamos conscientes.
Más tarde, veo a Oliver sentado charlando con Jorge, nuestro amigo viajero con quien compartimos estos kilómetros y que nos ayudó con los paneles.
Oliver le preguntaba sobre cómo funcionaban los paneles, y Jorge se lo explicaba con paciencia.
Me quedé un momento observando, disfrutando ese intercambio, ese conocimiento adquirido de manera tan genuina: desde el compartir, desde la experiencia, desde lo tangible y real.
Esa manera de aprender es la que nunca se olvida.
Entonces, cuando pongo en la balanza un panel solar perdido frente a todo lo demás que se abrió al tener que resolverlo, entiendo que la vida nos regala oportunidades constantemente… si sabemos verlas. Porque si vamos cegados, enojados, estresados, no podemos percibir esos momentos.
Agradezco, una y otra vez, todo lo que la vida nos pone en el camino y nos regala.
Cada paso que damos nos da más confianza, y creemos cada vez más que cualquier cosa que soñemos es posible. Que tenemos el potencial para lograrlo (no nosotros, todos). Pero también que el camino está lleno de adversidades. Que no hay líneas rectas… porque no las necesitamos.
Necesitamos el aprendizaje, los desafíos, las adversidades para evolucionar constantemente. Cada desafío es una nueva oportunidad para aprender y transformarnos.
Una nueva oportunidad para ponernos a prueba, para demostrar que la lección anterior nos enseñó, que aprendimos, que integramos y que ahora podemos llevar a la práctica. Que estamos listos para lo que venga.
La libertad es esto: elegir qué vida vivir de manera consciente, y sentirse en paz con esa elección.
Si vos también estás en medio de un proceso, soltá aquello que no podés manejar. Cada desafío esconde una oportunidad de aprendizaje y crecimiento. Solo hace falta mirar más allá del problema y animarse a descubrir qué enseñanza trae consigo.
Con amor,
Mica
¡Gracias por leer!
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