Cambiar de piel incomoda
- Micaela Gutiérrez Coll

- hace 11 horas
- 4 Min. de lectura
Son las 6 de la mañana. Estoy despierta desde las 4 porque mi hijo tiene dolor de muela. Estamos en Río Grande, cumpliendo este sueño tan deseado: vivir viajando.
Y sin embargo, hace dos días que estoy atravesando una pequeña “crisis”.
Mal humor, irritabilidad, llanto.
“¿Qué me pasa?” me pregunté más de una vez.
Y esta vez no quise encontrar respuestas rápidas. Simplemente dejé que la pregunta me acompañe, sin presionarme.
Después de tanto movimiento interno, después de una decisión de vida tan grande como la que tomamos, mínimamente me tengo que permitir esta “crisis”.
Porque aunque los sueños son eso que anhelamos profundamente, también traen consigo todo lo que dejamos atrás… y lo que aún estamos aprendiendo a SER.
Cuando soñamos, lo primero es justamente eso, soñar. Esa parte en la que todo es ilusión, deseo, idealización.
Después, cuando decidimos accionar, empieza el verdadero proceso. Una transición que puede ser larga, incómoda, maravillosa y desafiante a la vez.
Es cuando dejamos atrás una vida que ya no elegimos, pero aún no llegamos a habitar del todo la nueva. Estamos en el medio. Y ahí… se siente. Es un cambio de piel.
Y ahora, estoy viviendo eso que soñé tanto: una vida en movimiento. Pero no es todo pétalos de rosa. Esta etapa también trae lo suyo. Porque cuando el sueño se empieza a vivir, nace un nuevo proceso interno.
Creo que lo que me pasa es simple y profundo a la vez: no me estoy dando el espacio a solas para procesar todo esto que estoy viviendo.
Y lo necesito. No como un lujo, sino como una necesidad vital. Necesito momentos conmigo, de escucha, de pausa. Me conozco. Sé qué cosas me hacen bien. Pero el frío, el viento, el cansancio, las excusas…me alejaron de eso.
Y claro, no se trata de hacerlo todo perfecto. No necesito salir a hacer yoga bajo una tormenta patagónica. Tal vez solo una meditación en la cama. Pero eso así de pequeño puede cambiar mi día.
Esta “crisis” vino a frenarme. Y lo digo entre comillas, porque no estoy segura si crisis es la palabra correcta. Quizás es tan solo un trance o lo que el cambio y la transformación traen. Que tan solo vienen a decirme "pará, volvé a vos".
Trabajé tanto en mí para no olvidarme de darle prioridad a lo esencial, que solo mi cuerpo se encarga de recordármelo. Y con amor, la recibo. Porque también es parte de esta transición.
Muchas veces me dije: "que primero mis hijos estén bien en esta nueva forma de vida, y después voy a encontrar mi espacio". Pero ya entendí que no es después. Es ahora.
Si yo no estoy bien, tampoco lo estoy con ellos.
La paciencia desaparece, el cuerpo se tensa, todos nos sentimos incómodos.
No hay armonía afuera si adentro está todo revuelto.
Ya sé, te suena familiar. ¡Y si! porque esto que me está pasando no tiene nada que ver con vivir viajando en sí, es simplemente parte de la vida.
Si no nos sentimos bien con nosotras/os mismos es imposible hacerlo con los demás. La sonrisa, el “todo bien” serán simplemente la fachada para ocultar lo que esté detrás.
Las crisis, que atravesé a lo largo de mi vida, también me mostraron algo incómodo: nos descargamos donde no corresponde. Pero es que a veces necesitamos estar mal y no nos damos el espacio para poder hacerlo. Y todo ese mal estar se va quedando adentro, porque no le damos el lugar para que salga hacia afuera. Y ahí es cuando nos volvemos reactivos para con los demás. Parecemos como dicen “leche hervida”, por cualquier cosa pequeña o grande que sea reaccionamos mal.
Una vez más la vida me está enseñando. Porque somos movimiento y el evolucionar desde el amor y la escucha interna es un viaje que comienza pero nunca termina.
¡Y cuidado con las exigencias! No se trata de estar siempre buscando algo más, no confundamos, se trata simplemente de escucharnos y aprender a adaptarnos a lo que vamos necesitando en cada momento de nuestras vidas, ser flexibles.
Si ya sé que fuimos educadas/os desde la rigidez, pero eso es algo con lo que también necesitamos romper.
Es elegir, día a día, no volver al modo automático, y para ello debemos de vivir de manera consciente y tener el coraje de hacernos cargo de lo que sentimos.
Gracias “crisis”, por mostrarme que aún en medio de "mi sueño", necesito abrazarme un poco más.
¿Vos también estás en una etapa de transición? ¿Qué te estás olvidando de darte a vos misma/o?
Con amor,
Mica.
¡Gracias por leer!
Si algo de lo que leíste te hizo sentido, te invito a suscribirte gratis para recibir las próximas publicaciones.
Este espacio existe gracias al tiempo, la energía y el compartir honesto.
Si en algún momento algo de lo que escribimos te acompañó, podés apoyar la Bitácora con un cafecito ☕









Comentarios