top of page

Entre algoritmos y emociones, una búsqueda de coherencia.

Una reflexión sobre lo que mostramos, lo que nos pesa y lo que elegimos sostener desde la autenticidad.

La velocidad de las redes sociales a veces me agobia. 


Las tendencias constantes, ese ritmo que no da tregua, donde parece que no terminás de adaptarte a algo y ya hay otra cosa. Lo mismo con la tecnología: siempre vas a estar detrás, incluso cuando te compres el último modelo del último modelo.


Uno de mis mantras preferidos es vivir más lento. Claro, es totalmente contrapuesto a la velocidad en la que el mundo parece moverse.


Por eso me pregunto: ¿desde qué lugar tengo ganas de compartir lo que escribo, lo que hago, lo que vivo?


Y la respuesta, siempre, es la misma: desde la autenticidad.


Pero entonces aparece la duda: si no siento ganas de subirme a ese “trend”, a esa tendencia, a esa red social:


¿Me estoy quedando afuera?


¿Estoy perdiendo oportunidades?


¿Y si sumarme significa incomodidad, incoherencia?


¿Y si implica hacer algo que no puedo sostener desde lo emocional porque me desequilibra?


¿Cuánto necesitamos observarnos para saber hasta dónde sí y hasta dónde no?


¿O tal vez simplemente se trata de construir lo auténtico desde nuestro lugar?


Creo profundamente que esa es la única forma de conectar. Las redes sociales no deberían ser una máscara que nos ponemos para salir al mundo. Deberían ser un espacio para mostrarnos tal como somos. Mostrar quiénes somos, qué hacemos, cómo lo vivimos. Si elegimos hacerlo. Porque también está bien no elegirlo.


Yo sí elijo darle visibilidad a lo que hago. Pero muchas veces me cuestiono desde qué lugar quiero hacerlo. Y en la búsqueda de esas respuestas, a veces me pierdo. Me confundo, dudo. Porque uno de mis mayores miedos es traicionarme.


Hacer cosas que no tengo ganas de hacer. Forzarme a mostrar algo que no quiero mostrar.


¿Y si no necesito encontrarme, sino dejar de buscarme?


¿Y si simplemente dejo que fluya, sin racionalizar tanto lo demás?


¿Y si tiro las cartas sobre la mesa y que pase lo que tenga que pasar?


Siento que a muchas nos pasa lo mismo. Lo converso con otras mujeres y aparece ese punto en común: redes sociales que a veces parecen exigirnos algo que no queremos ser. 


Como si ser auténticas no fuera suficiente. Como si no ser "aesthetic" nos dejara fuera de juego. Pero la vida no es perfecta. Y si exigimos perfección a una red social que muestra apenas una milésima parte de nuestra vida, muchas veces fuera de contexto... ¿Qué queda para quien está del otro lado? ¿Qué le estamos dejando? ¿Qué le estamos transmitiendo?


Cuántas personas entran a las redes a volcar sus frustraciones, porque no tienen otro lugar donde hacerlo. Creen que pueden hacerlo ahí, como si fuera un espacio “seguro” donde nadie los ve, donde no hay que mirar a los ojos. Donde apretar “enter” es claramente más fácil que mirar hacia adentro.


Pero... ¿y la persona que está del otro lado?


También puede salir lastimada, si no estamos bien paradas y seguras de quiénes somos y por qué estamos ahí.


La verdad es que no tengo respuestas cerradas para esta reflexión. Solo preguntas que abren otras, cuestionamientos que disparan mi propio debate interno. Quizás a vos también te pase. Quizás necesites ese mismo espacio para repensar desde dónde y hacia dónde querés comunicar lo que hacés.


Vivir más lento es una forma de habitar el mundo.


No siempre lo logro. Hay días en los que me gana la velocidad o la ansiedad. Pero tengo herramientas para darme cuenta, para parar, para empezar a bajar. Vivir más lento es mirar a nuestro alrededor y estar presentes.


Es emocionarse con una puesta de sol. Sentir el pecho distinto al llegar a un lugar especial. Es sostener la mirada de alguien. Dar un abrazo sin soltarlo enseguida.


Es decir lo que necesitamos decir. Es vivir desde el amor.


Cuando pienso en sumarme a una tendencia, mi cuerpo me habla.

Siento incomodidad. Me resisto. No lo quiero.

No lo siento alineado. No podría sostenerlo.

Sería incoherente. Me drenaría.


Quiero cuidar la comunicación.

Cuidar la manera en que el otro la recibe.

Que mis mensajes sean desde el amor. Desde el respeto por quien está del otro lado, que tal vez necesite hacer las cosas diferente.


Que mis palabras no impongan, sino que acompañen. Que mis escritos sean disparadores. Reflexiones que abran preguntas.


Y desde ahí, cada quien pueda construir su propio camino.


Dejar que fluya sin racionalizar es permitirme mostrarme como soy.

Sin tanto perfeccionismo.

Sin tanta exigencia estética.

Sin tanto análisis.


Porque creo que lo más valioso que tenemos para ofrecer es eso:

ser nosotras mismas.


Quizás no se trate de encontrar la forma perfecta de comunicar, sino la mas real.


Con amor,

Mica


¡Gracias por leer!

Si algo de lo que leíste te hizo sentido, te invito a suscribirte gratis para recibir las próximas publicaciones.



Este espacio existe gracias al tiempo, la energía y el compartir honesto.

Si en algún momento algo de lo que escribimos te acompañó, podés apoyar la Bitácora con un cafecito ☕ 



Comentarios


Familia viajera viajando por el mundo en motorhome

Sumate a la comunidad de Espíritu Indomable y acompañanos en esta aventura.

  • Instagram
  • Youtube
  • TikTok
  • Spotify
  • Pinterest

Si te gusta el contenido y te ayudamos en algún momento de alguna manera, podés agradecernos con un cafecito

© 2025 Creado por Espíritu Indomable. 

bottom of page