top of page

El cuaderno que conocía su destino

De encuentros inesperados nacen los recuerdos que más atesoramos.

Me emociona y nunca dejo de sorprenderme con las causalidades y las conexiones que tiene la vida. 


Y esta historia va sobre un cuaderno. Pero no cualquier cuaderno… uno que, desde ahora, será muy especial.


Para que puedas entender bien esta historia, tengo que rebobinar un poco. Volver al 2022, hace ya tres años, para llegar hasta este momento y poder contártela. Qué locura el tiempo, ¿no?


Siempre fui inquieta, y un poco ñoña también… Me encanta estudiar y aprender cosas nuevas. A lo largo de mi vida fui sumando mil herramientas, muchas de ellas relacionadas con la tecnología. En ese entonces, me metí a estudiar machine learning, o aprendizaje automático en español, una combinación de ciencia de datos e inteligencia artificial.


No sabía absolutamente nada del tema, así que, para poder entrar al programa, estuve casi un mes estudiando día y noche, aprendiendo desde cero un lenguaje de programación llamado Python.


Horas y horas, sola, con tutoriales y mucha paciencia. Pero valió la pena: logré entrar a ese programa tan deseado.


Allí conocí a un grupo hermoso de personas. Entre ellas, Fer. Fueron seis meses súper intensos, full time, donde, a pesar de la virtualidad, compartimos muchas horas juntos.


El programa terminó y cada uno siguió su camino. Pero hace unas semanas, Fer vio que yo estaba en Mendoza y me escribió. Coordinamos para juntarnos a comer un asado.


Esa noche llegamos a su casa. Yo no conocía a su familia. Y ahí los conocí: Leti, Guille y Lorenzo.


Apenas puse un pie en su casa, Leti me dice:

—¡Estuvieron en Punta Curriñanco! (Chile)

—¡Siii! —le respondí—. Amamos ese lugar.


Punta Curriñanco está en la costa de Valdivia, muy cerquita de Niebla, el lugar donde nuestro motorhome se prendió fuego.



Leti me miró y me dijo:

—Mi hermana vive allí.

Yo no lo podía creer.


Para que entiendas mi sorpresa, ese es un lugar diminuto, prácticamente sin habitantes, alejado de todo. Y habíamos estado, sin saberlo, literalmente en la puerta de su casa. Nos contó su historia y no salíamos del asombro.


Lo que iba a ser solo una cena, terminaron siendo cinco días viviendo en la puerta de su casa. En un barrio cerrado que apodamos la vecindad, donde todos los vecinos de los alrededores nos recibieron con tanto cariño.


Compartimos, nos reímos, los niños corrían por todos lados… y también tuvimos conversaciones hermosas. Hasta nevó en Mendoza, algo que ocurre cada varios años, y pudimos vivir ese momento mágico juntos.


Pero como siempre, las despedidas llegan con esa mezcla de alegría y nostalgia… por lo lindo que pasó, por lo que significa partir, y por lo lindo de saber que aún queda mucho camino por recorrer.


En nuestra última cena, les dimos un regalo: un mate, una postal y un mensajito para que se quedara con ellos.


Y entre charla y charla, Fer nos dice:

—Yo también tengo algo para ustedes. Y apareció con un cuaderno.


Pero no era cualquier cuaderno. Era el cuaderno del que quiero contarte.

En su tapa tenía un Pudú, un pequeño ciervo que se puede ver en el sur de Chile, uno de los más pequeños del mundo. Y a decir verdad, es muy difícil que se deje ver.


El dibujo estaba hecho a mano. El cuaderno, cocido a mano. Cada detalle lo hacía especial, incluso antes de abrirlo.


Pero había algo más lindo todavía… Nos contaron que la hermana de Leti —de quien ya te hablé— tiene una costumbre: ella y su marido son misioneros, y en su casa reciben a mucha gente. Cuando alguien se va, deja un mensaje en un cuaderno, como huella de su paso por ese lugar.


Fer le había comprado ese cuaderno a uno de los chicos que se había alojado allí. No sé por qué lo guardó todo este tiempo, pero hoy sabemos que ese cuaderno conocía su destino final: venirse a viajar por el mundo con nosotros, para guardar en él las memorias más lindas.


Nos encantó la idea: hacer lo mismo que la hermana de Leti. Que cada persona que conozcamos en el camino, cuando llegue el momento de despedirnos, deje su huella en ese cuaderno.


Todo estaba increíblemente conectado. Desde el lugar de donde ese cuaderno venía —un lugar muy especial para nosotros— hasta llegar hasta acá.


A veces, tantas coincidencias y conexiones parecen irreales.

Me emociona la sincronicidad de la vida. Me emociona la vida.

A partir de ahora, este cuaderno será el guardián de nuestros mayores tesoros: la conexión con la humanidad, a lo largo y ancho del mundo.


Será el guardián de nuestros recuerdos más valiosos.

Y será refugio, para esos días en los que necesitemos recordarnos por qué hacemos lo que hacemos.


Y, por supuesto, en ese mismo momento, supimos que la mejor manera de empezar ese cuaderno… era con un mensaje de ellos.


Y acá está, recién abierto, con sus páginas en blanco, esperando que cada encuentro deje su huella de amor.


Gracias, Fer y Leti, por este regalo. Sé que será un antes y un después en nuestro viaje.


Las páginas están en blanco, pero la vida ya se encargó de empezar a escribir esta historia.


Con amor,

Mica.


¡Gracias por leer!

Si algo de lo que leíste te hizo sentido, te invito a suscribirte gratis para recibir las próximas publicaciones.



Este espacio existe gracias al tiempo, la energía y el compartir honesto.

Si en algún momento algo de lo que escribimos te acompañó, podés apoyar la Bitácora con un cafecito ☕ 



Comentarios


Familia viajera viajando por el mundo en motorhome

Sumate a la comunidad de Espíritu Indomable y acompañanos en esta aventura.

  • Instagram
  • Youtube
  • TikTok
  • Spotify
  • Pinterest

Si te gusta el contenido y te ayudamos en algún momento de alguna manera, podés agradecernos con un cafecito

© 2025 Creado por Espíritu Indomable. 

bottom of page